A primera hora de la mañana, las calles de Buenos Aires lucían semi desiertas por el paro nacional convocado por la CGT en rechazo a las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. Si bien algunos sectores adhirieron masivamente, otros mantuvieron una prestación parcial de servicios.
En el ámbito del transporte público, no hubo servicio de trenes ni subterráneos debido al acatamiento de la Unión Ferroviaria y la Asociación del Personal de Subterráneos. Tampoco despegaron vuelos desde los aeropuertos, ya que los pilotos se plegaron al paro convocado por APLA. No obstante, algunas líneas de colectivos sí circularon, algunas con frecuencias reducidas, brindando un servicio limitado a los usuarios. «Esperé 40 minutos y nada, pero avisé que llegaría tarde por el frío», comentó una pasajera.
En el rubro bancario y comercial, la actividad estuvo restringida. Los bancos permanecieron cerrados acatando el llamado a huelga, mientras que algunos comercios y estaciones de servicio optaron por abrir sus puertas pese a la medida de fuerza. «Hoy puede ser un buen día para juntar cartones», vislumbró un recolector informal.
Desde el sector sindical, Rubén «Pollo» Sobrero, secretario de la Unión Ferroviaria, advirtió que «si no hay respuesta del Gobierno, se extenderá el paro a 36 horas». Mientras, Dante Camaño, de la Unión de Trabajadores Gastronómicos, cuestionó la medida al asegurar que «no veo cuál es el beneficio para los trabajadores».
El Gobierno, por su parte, habilitó la línea 134 para denunciar «extorsiones» y anunció descuentos para los empleados estatales que adhirieran al paro. La ministra Bullrich instó a «no parar» para «no romper lo que estamos logrando».
