El escenario interno del espacio amarillo se encuentra convulsionado tras una determinación drástica que sacudió los cimientos de la organización. Esteban Bullrich tomó la decisión de dar un paso al costado de manera indeclinable, lo que desató una oleada de lamentos y cuestionamientos severos en el partido. Puertas adentro del PRO, referentes y militantes interpretaron este alejamiento como un golpe letal a la identidad fundacional de la fuerza, llegando a afirmar con profundo dolor que con la pérdida de este liderazgo se terminaba de arriar la última de sus banderas históricas.
Frente a este cimbronazo estructural, Mauricio Macri intentó reordenar las filas y dar una muestra de autoridad durante un encuentro de relanzamiento partidario llevado a cabo en Mar del Plata. Sin embargo, la exposición pública no estuvo exenta de tensiones y vacilaciones. Al exmandatario se lo notó dubitativo e incómodo al momento de fundamentar las determinaciones y los acercamientos recientes vinculados a Manuel Adorni, un desplazamiento estratégico que gran parte del riñón histórico de la agrupación mira con recelo y desconfianza.
Con el objetivo de contener la sangría política y calmar los ánimos de una militancia herida, la conducción ensayó un giro táctico inmediato. En lugar de sostener la tesitura de confrontación o de alineamiento automático, ahora Mauricio Macri se comprometió a que las espadas legislativas de su fuerza acompañarán el pedido de interpelación en el Congreso. Esta maniobra busca recomponer de manera urgente el perfil opositor y diferenciarse de la gestión nacional, en un intento desesperado por evitar que la estructura partidaria termine de estallar por los aires de forma definitiva.
