Dentro del PRO cobró fuerza una discusión de fondo sobre el papel que debe tomar la agrupación en el mapa político actual. A partir del paso al frente de Hernán Lacunza con el respaldo de Mauricio Macri, el espacio busca afirmarse como una opción de centroderecha de corte liberal y republicano. La movida responde a la necesidad de ocupar una porción del electorado que no se identifica plenamente con el esquema del oficialismo de Javier Milei ni con el espacio kirchnerista.

La irrupción del exministro dejó al descubierto dos miradas encontradas en el seno de la dirigencia del partido amarillo. Lejos de ser una mera disputa de nombres o de cargos de cara a las próximas mesas de negociación, lo que se debate es la preservación de la identidad institucional. Mientras algunos sectores prefieren acoplarse de forma directa a la estructura de La Libertad Avanza, la conducción alineada con Macri sostiene que regalar la personería política terminaría desdibujando la trayectoria construida durante las últimas dos décadas.

En el entorno de los impulsores de esta candidatura aseguran que el proyecto no constituye una maniobra táctica ni un gesto para presionar a figuras clave del entorno presidencial como Karina Milei. Quienes caminan junto a Lacunza insisten en que «esto va en serio» y remarcan la intención de consolidar una propuesta técnica e institucional sólida. De este modo, la centro derecha busca mantener peso propio a la hora de sentarse a negociar o competir, evitando quedar absorbida en una polarización absoluta.

El desafío central para el armado macrista radicará en captar a un votante moderado que exige equilibrio fiscal y reformas económicas, pero que al mismo tiempo demanda respeto por la calidad institucional y las reglas de juego. En ese sentido, la apuesta pasa por sostener banderas históricas sin perder el diálogo constructivo con el Poder Ejecutivo, fijando al mismo tiempo un límite claro frente al modelo populista del pasado.