En Bolivia, la segunda vuelta presidencial se presenta como un momento decisivo tras dos décadas dominadas por el populismo de izquierda. Los candidatos que compiten por la presidencia son Rodrigo Paz Pereira, un centrista moderado, y Jorge «Tuto» Quiroga, un político de derecha con una propuesta ultraliberal que busca un cambio radical en el país. Esta elección refleja un giro histórico, ya que el Movimiento al Socialismo (MAS), que gobernó con Evo Morales y Luis Arce, quedó fuera de la disputa principal y sufrió una fuerte reducción en su representación legislativa.

El contexto económico es crítico: Bolivia enfrenta una recesión por primera vez en 39 años, con una caída del Producto Bruto Interno del 2,4% en el primer semestre, una inflación anual del 25% y una escasez grave de combustibles. Además, el dólar paralelo cotiza casi al doble del oficial, lo que evidencia la crisis cambiaria. En este escenario, Paz Pereira propone estabilizar la economía con un manejo prudente y sin acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que Quiroga apuesta por un shock económico respaldado por créditos internacionales y acuerdos de libre comercio.

La campaña estuvo centrada en la economía y en cómo enfrentar la crisis. Paz, apoyado por sectores empresariales y con un discurso de orden y previsibilidad, logró captar votos de antiguos seguidores del MAS, mientras que Quiroga cuenta con un electorado más conservador y liberal. La polarización también se refleja en las redes sociales, donde se acusa a Paz de tener vínculos con el MAS, aunque no hay pruebas concretas. Además, la figura de Evo Morales sigue siendo un actor clave, ya que desde su refugio en El Chapare anunció que impulsará un «plan de resistencia» contra el próximo gobierno.