La cúpula del oficialismo atraviesa horas de extrema tensión y debates cruzados para definir qué hacer con Manuel Adorni. El foco del conflicto está puesto en el costo político que viene sufriendo la gestión tras las sucesivas revelaciones sobre contrataciones directas y manejos de fondos públicos en el área de comunicación. Frente a este panorama, los principales operadores del Gobierno empezaron a rever la conveniencia de abrir el recinto de la Cámara Alta para debatir otras leyes pendientes, ya que tienen la certeza de que la oposición utilizará cualquier debate formal como una tribuna pública para exigir explicaciones directas sobre el escándalo administrativo.
La presión sobre la Casa Rosada no viene solamente de los bloques tradicionalmente opositores, sino que se sumó un fuerte cuestionamiento de sus aliados legislativos más cercanos. Cristian Ritondo manifestó de forma categórica la postura de su espacio al señalar que “no se trata solo de dar explicaciones, sino de asumir la responsabilidad de los actos”. El malestar en ese sector es tan evidente que ya ventilaron que la mejor salida institucional para descomprimir la crisis institucional sería el alejamiento definitivo del funcionario de su puesto, advirtiendo que “podría resolver esta situación renunciando” antes de que el costo político para la administración central sea irreversible.
Ante la falta de apoyo en el Congreso y el peligro de una sesión caótica, Karina Milei empezó a diseñar una alternativa de salida elegante para desplazar al vocero sin que parezca una rendición total ante las críticas. La estrategia que se analiza puertas adentro implica un destino diplomático en el exterior, mencionándose la posibilidad concreta de un consulado en la ciudad de Miami. Esta variante permitiría sacarlo del centro de la escena mediática local de forma inmediata, bloqueando de raíz los pedidos de informes legislativos y evitando que deba someterse a una interpelación pública que debilite aún más la estructura del gobierno.
