La realidad económica empuja a buscar alternativas de financiamiento en los lugares menos pensados. Un fenómeno reciente que expone el Banco Central muestra cómo los trabajadores independientes que realizan repartos para las grandes aplicaciones de delivery recurren a créditos otorgados por las mismas plataformas para las que prestan servicios. Al no poder calificar en el sistema bancario tradicional debido a su condición de monotributistas, encuentran en estas herramientas tecnológicas una salida rápida, aunque con un costo financiero que genera preocupación.

El volumen de este endeudamiento interno no es menor. Según los relevamientos de la autoridad monetaria sobre las entidades no bancarias, el crecimiento de los deudores dentro de estas aplicaciones se disparó un 122%. En promedio, cada uno de estos trabajadores arrastra un saldo en rojo que ronda los 900.000 pesos, pisando prácticamente el millón. El destino principal de estos fondos suele ser el mantenimiento o la renovación de sus propios vehículos de trabajo, indispensables para mantener el flujo diario de sus ingresos.

La dinámica de devolución es automática, ya que las cuotas se van descontando de manera directa de las comisiones que los repartidores generan por cada viaje realizado. Mientras las compañías tecnológicas defienden a rajatabla estas iniciativas bajo la bandera de la inclusión financiera y la bancarización para sectores postergados, quienes están arriba de las motos y las bicicletas denuncian públicamente que las tasas de interés aplicadas son sumamente elevadas. El segmento de los trabajadores independientes concentra el 54% de los préstamos otorgados y se queda con más del 62% del saldo total financiado por este ecosistema de plataformas digitales.