A pesar de haber logrado frenar la escalada de precios y sanear las cuentas públicas, la gestión económica actual enfrenta un desafío cada vez más marcado en el terreno laboral. La actividad productiva muestra señales de recuperación, pero esta reactivación no se traduce en nuevos puestos de trabajo registrados. Por el contrario, la nómina de trabajadores en relación de dependencia dentro del circuito privado viene registrando bajas continuas, convirtiéndose en el foco de mayor preocupación social con miras a los próximos compromisos electorales de Javier Milei.
Desde el inicio de la actual administración, el sector privado perdió 241.000 empleos registrados, lo que representa una contracción del 4%. A esto se suma el recorte de 73.000 cargos en la administración pública. Según relevamientos del centro de estudios Fundar, el tejido empresarial se redujo a 482.000 firmas activas, la cifra más baja registrada desde 2007. La excepción a este panorama es Neuquén, impulsada por la dinámica energética de Vaca Muerta, siendo la única provincia que logró sumar empresas en este período.
El fenómeno, caracterizado por analistas como un proceso de reactivación sin generación de mano de obra formal, provocó que la preocupación por el trabajo supere a la inflación en las demandas ciudadanas. Consultoras de opinión pública como AtlasIntel ubican el nivel de aprobación de Javier Milei en torno al 37%, de los registros más moderados en lo que va de su gestión. Mientras la desocupación en el ámbito registrado trepó al 7,8%, el empleo informal continúa absorbiendo a los trabajadores desplazados, alcanzando al 44% de la población activa.
