El gobierno de Javier Milei, a pesar de su discurso de apertura económica y la búsqueda de inversiones, se enfrenta a una paradoja: un número significativo de empresas multinacionales ha decidido abandonar Argentina o ha anunciado su inminente salida. Este fenómeno, si bien no es exclusivo de la actual administración, se ha visto acelerado por una medida económica implementada en abril de 2025.

La principal razón detrás de este éxodo no es necesariamente que operar en el país sea un mal negocio, sino las persistentes restricciones para girar dividendos y utilidades al exterior. Las empresas buscan la libertad de disponer de sus ganancias, y la imposibilidad de hacerlo de manera fluida se convierte en un obstáculo insalvable. Históricamente, el control de cambios (cepo) generaba una brecha considerable entre el dólar oficial y los tipos de cambio financieros, lo que hacía extremadamente costoso para las compañías convertir sus pesos a dólares y sacarlos del país.

Sin embargo, la administración actual, en un intento por flexibilizar el mercado cambiario, implementó un esquema de flotación entre bandas en abril de 2025, que redujo drásticamente esa brecha cambiaria a niveles de entre el 2% y el 5%. Esta medida, que en teoría podría haber incentivado la permanencia de las empresas, tuvo un efecto secundario no deseado: abarató el costo de salida. Al disminuir el «peaje» que representaba la brecha, el contado con liquidación (CCL) se transformó en una herramienta más «eficiente» para que las multinacionales con «ganancias atrapadas» pudieran cerrar sus operaciones y repatriar sus fondos. La decisión de priorizar la liberación del cepo para ahorristas individuales, sin extenderla completamente a la repatriación de dividendos, se percibe como un factor clave que facilitó esta «puerta de salida» más económica para las compañías.

Entre las firmas que ya han empacado o están en proceso de hacerlo se encuentran nombres como Exxon Mobil, Petronas, Total Energies, Equinor, Procter & Gamble, HSBC, Walmart, Falabella, Latam, Norwegian, Qatar Airways, Shell, BASF, Glovo, Nike, Carrefour (en su operación directa) y parte de Danone. Este escenario plantea un desafío para el gobierno, que busca atraer inversiones, mientras las condiciones para la salida se vuelven más favorables para aquellas empresas que ya no ven perspectivas de negocio a largo plazo en Argentina.