En un panorama global donde la digitalización avanza a pasos agigantados, una nación en el norte de Europa ha logrado destacarse no solo por la vasta cantidad de trámites gubernamentales disponibles en línea, sino por su enfoque inclusivo hacia los ciudadanos de mayor edad. Este país ha transformado la interacción entre el Estado y sus habitantes, permitiendo que casi la totalidad de las gestiones oficiales, desde la emisión del voto hasta la consulta de historiales médicos o la solicitud de pensiones, se realicen de forma remota. La clave de este éxito radica en un diseño de servicios que prioriza la facilidad de uso, la accesibilidad y, fundamentalmente, la confianza de sus usuarios, especialmente aquellos que podrían sentirse más alejados de la tecnología.

La integración efectiva de la población adulta mayor en este ecosistema digital no fue un proceso espontáneo, sino el resultado de una estrategia deliberada. Kristiina Kriisa, responsable de Comunicaciones del Centro de Información e-Estonia, Enterprise Estonia, explicó que «Estonia ha trabajado de manera paralela en habilidades, accesibilidad y confianza». Esto se tradujo en programas de capacitación digital, mentorías y talleres comunitarios, diseñados para familiarizar a los adultos mayores con el uso seguro de las herramientas en línea. Además, se mantuvieron canales alternativos para servicios esenciales, asegurando que la digitalización complementara, en lugar de reemplazar, las opciones existentes. La seguridad se integró desde el diseño, con infraestructuras cifradas y sistemas de autenticación robustos que permiten a los ciudadanos saber quién accede a su información, fomentando una transparencia vital para la construcción de la confianza.

La identidad digital ha sido un pilar fundamental para mejorar la calidad de vida de este segmento poblacional, brindándoles la capacidad de gestionar asuntos cruciales como la salud, impuestos y votaciones sin necesidad de desplazamientos. Esto se traduce en una mayor autonomía, especialmente para quienes residen en áreas rurales o tienen movilidad reducida. Mirando hacia el futuro, la inteligencia artificial se perfila como una herramienta clave para personalizar aún más los servicios y ampliar la inclusión. En este sentido, la ex presidenta Kersti Kaljulaid, según relató Kriisa, enfatizó la necesidad de una innovación constante al afirmar: «No queremos que nuestro e-Estado se convierta en el teléfono fijo». Este principio subraya que la tecnología debe ser un motor de inclusión y autonomía, adaptándose continuamente a las necesidades de las personas.