Chile se encuentra en un momento electoral crucial, donde la percepción de inseguridad y violencia ha tomado un protagonismo inesperado en el debate público. A pesar de que las estadísticas oficiales de la ONU sitúan al país con índices de criminalidad significativamente menores que otras naciones de la región, la preocupación ciudadana por estos temas supera incluso a la de países con tasas de homicidios mucho más elevadas, como México o Colombia. Esta paradoja ha transformado la agenda política, llevando a los aspirantes a la presidencia a centrar sus discursos en propuestas de «mano dura» para abordar lo que muchos chilenos perciben como una crisis de seguridad.

La campaña electoral ha sido dominada por la promesa de restaurar el orden, con varios candidatos proponiendo medidas drásticas. José Antonio Kast, líder de la ultraderecha y uno de los favoritos, ha sido enfático en su postura, declarando: «Hoy día los chilenos tienen miedo. Los que van a tener miedo a futuro son los narcotraficantes, el crimen organizado y los terroristas». Sus propuestas incluyen la expulsión de inmigrantes irregulares, la construcción de barreras físicas en la frontera y el despliegue militar en zonas conflictivas, además de un endurecimiento general de las penas y la creación de cárceles de máxima seguridad. En una línea similar, Johannes Kaiser, otro candidato de la derecha más extrema, ha llegado a sugerir la pena de muerte y la deportación de indocumentados a prisiones de alta seguridad en otros países.

Incluso figuras de otros espectros políticos han tenido que adaptar sus mensajes a esta creciente demanda de seguridad. Jeannette Jara, militante del Partido Comunista, si bien aborda el tema desde una perspectiva diferente, también ha prometido mayor firmeza. «Quiero llamar a los candidatos de la derecha a que persigamos a los que tienen el control del dinero del narcotráfico y el crimen organizado. Eso es mano dura de verdad», afirmó, haciendo hincapié en la necesidad de construir más centros penitenciarios y reforzar la vigilancia. Por su parte, Evelyn Matthei, de la derecha moderada, ha asegurado que «vamos a recuperar la seguridad con determinación, con autoridad, con inteligencia y con sentido común», prometiendo enfrentar al crimen organizado con toda la fuerza del Estado.

Expertos como Axel Callis, director de la consultora Tú Influyes, señalan que este «temor sobredimensionado» podría explicarse por un cambio en la naturaleza de la delincuencia. Según Callis, la llegada de una gran ola migratoria, principalmente de Venezuela y Colombia, ha coincidido con un aumento en la violencia de los delitos, atribuyéndolos al crimen organizado que, según su análisis, se habría infiltrado con estos nuevos flujos. Esta percepción de una criminalidad más brutal y sin «códigos éticos» previos, sumada a la experiencia personal de muchos ciudadanos que ven cómo barrios antes vibrantes, como Bellavista en Santiago, ahora generan temor al caer la noche, ha cimentado un sentimiento de urgencia que los políticos no pueden ignorar. La elección presidencial se perfila, así, como un referéndum sobre cómo Chile enfrentará su miedo más profundo.