La falta de abastecimiento energético está provocando serias complicaciones en el entramado productivo, fundamentalmente en las provincias del norte del país, donde el escenario es complejo. Frente a la imposibilidad de contar con un flujo regular, varias compañías tomaron la drástica determinación de paralizar por completo sus actividades fabriles hasta que termine el mes. Los faltantes afectan de manera transversal a diversos rubros que van desde la minería hasta firmas del sector alimenticio, obligando a los directivos a reestructurar esquemas laborales para mitigar el impacto económico de las paradas obligadas.
La raíz de este inconveniente no se vincula con la escasez del recurso a nivel nacional, sino con los serios límites que presenta la red de cañerías para trasladar el fluido desde los yacimientos del sur hacia las terminales norteñas. En este contexto, directores de firmas citrícolas como Martín Ramírez, que comanda La Moraleja en suelo salteño, explicaron el dilema al que se enfrentan diariamente. El ejecutivo afirmó que las opciones se reducían a «o suspendo la gente o bajo la molienda a la mitad», decantándose finalmente por la reducción operativa, aunque advirtió que si esto se vuelve un problema de carácter estructural, el panorama a futuro será mucho más oscuro.
Las dificultades también golpean con fuerza a otras economías regionales clave para la zona, como la recolección de caña de azúcar y los polos de producción de materiales de construcción. Representantes de cámaras empresarias indicaron que ya se cuentan por cientos las firmas afectadas, con caídas en el suministro que llegan al 50%. Como paliativo para contener la emergencia de estos meses invernales, la firma Refinor volcó al mercado un volumen cercano a los 500 millones de metros cúbicos diarios a valores competitivos locales, buscando ofrecer una alternativa frente a los elevados costos internacionales del recurso importado por barco.
