A pesar del discurso oficialista que resalta avances en materia salarial, los datos fríos del mercado laboral revelan un panorama preocupante desde el cambio de gestión. En apenas siete meses, la economía privada argentina perdió nada menos que 127.000 puestos de trabajo registrados.

El impacto más duro lo sufre la construcción, que representó el 58% de los empleos destruidos con casi 56.000 cesantes. La paralización de la obra pública decretada por el Ejecutivo es señalada como causa principal de este duro revés para el rubro. A nivel provincial, sólo cinco distritos logran mostrar alzas anuales mínimas en los empleos privados.

La merma laboral no se restringe a los asalariados. El universo de trabajadores independientes también exhibe un declive de 27.300 cuentapropistas en marzo. Si bien de forma anual este segmento creció 5,3%, mes a mes se constata un retroceso transversal en monotributistas, monotributo social y autónomos.

«Se verifican cinco meses consecutivos de caída neta del empleo», alertan desde la Secretaría de Trabajo. Una baja del 1,9% en los principales conglomerados entre diciembre y abril. «Los registros son los más bajos para un abril desde la crisis de 2001/2002, exceptuando la pandemia», grafican con crudeza el parte oficial.

En las antípodas del relato triunfalista difundido, la cruda realidad muestra una economía que destruye puestos de trabajo a un ritmo alarmante. Los próximos datos de desempleo, previstos al alza, confirmarían el duro impacto sobre los hogares argentinos.