A doce meses de aquella conferencia donde el gobierno de Javier Milei y los representantes de OpenAI comunicaron pomposamente la llegada de una infraestructura colosal vinculada a la inteligencia artificial, la realidad muestra un panorama completamente estancado. Aquella promesa bautizada como Stargate Argentina para levantar un centro de datos masivo con un desembolso estimado en 25.000 millones de dólares quedó reducida a una firma preliminar sin obras físicas ni certezas financieras a la vista.
Desde su presentación oficial, el proyecto impulsado junto a la compañía comandada por Sam Altman generó fuertes dudas sobre su viabilidad real. Diversas voces técnicas advirtieron oportunamente que el compromiso económico no contemplaba un aporte directo de fondos por parte de la multinacional creadora del ChatGPT, sino que la obtención del capital y la ejecución material recaían enteramente sobre actores locales como Sur Energy. Incluso, tras trascender las primeras consultas sobre los alcances del entendimiento, la propia tecnología desarrollada por la firma describió la maniobra como un movimiento con fines estrictamente políticos, desacreditando las magnitudes económicas difundidas.
Mientras la región avanza con infraestructura concreta para posicionarse en el mercado tecnológico, los terrenos destinados al complejo local continúan vacíos y sin ningún tipo de movimiento de suelo. La inclusión inicial de la iniciativa dentro del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones tampoco logró acelerar los plazos ni destrabar los fondos prometidos, dejando en evidencia el abismo que separa los grandes anuncios oficiales de la ejecución real en el terreno.
