El radicalismo tuvo un importante período de gloria en Mar del Plata. Sobre todo desde la vuelta de la democracia y hasta el final del segundo mandato del intendente Daniel Katz.

A partir de ese momento, y tras la retirada de la política activa del sector de “la coordinadora”, espacio al que pertenecen Daniel Katz, Oscar Pagni, Jesús Porrúa y apenas un par de dirigentes más, la UCR comenzó un declive, primero de calidad y luego de volúmen electoral. Durante el final de la época de oro del radicalismo, los boina blanca marplatenses fueron el radicalismo K. Todos los radicales marplatenses, además de los que hacían política activa, recibían algun sueldo de las arcas públicas gracias a los radicales K declarados. Algunos no manifestaban su descontento y seguían cobrando de la mano de los dirigentes que sí ponían la cara, como Katz, Pagni, Julia García y otros que eran políticos de sangre. Hay que tener en cuenta que ese radicalismo k liderado por Daniel Katz no era obsecuente, como luego lo fue Pulti, sino que estando a la par, Katz tenía una impronta política tan potente que lo ponía casi de igual a igual junto a Kirchner y muy encima de Daniel Scioli. Los que hoy son anti K son aquellos que en esa época, cobraban sin abrir la boca.

El declive de calidad se concretó con la figura de Vilma Baragiola. Una militante discursivamente limitada (sobre todo comparada a los radicales de la vieja escuela) y sin ideas que dieran indicio de que podría estar al frente de un gobierno municipal. Esa sensación la tenían clara los vecinos, que siempre la respaldaron en legislativas y nunca para el ejecutivo (perdió todas las PASO). En el mientras tanto, pasaron años con Baragiola como figura de una UCR en el purgatorio y el partido no tuvo la capacidad ni la intención de recuperar su nivel. Esto se debió a la claridad estratégica de quien manejaría los destinos del partido a partir de ese momento: Maximiliano Abad.

Abad supo ver el potencial de un partido con pergaminos, cierto apoyo en las urnas y el negocio de la izquerda (ganar perdiendo). Abad descubrió que podía convertir al partido en una empresa política con él como CEO y casi único beneficiario. Su labor fue brillante. Luego de aplicarlo en la ciudad, lo replicó a nivel provincial, traicionando siempre a los correligionarios a nivel general y ganando poder a nivel personal. Abad no llevó a lugares legislativos negociados con otras fuerzas a dirigentes ni militantes. Llevó a su esposa, a dos amigos y algunas personas con quienes tiene mucha cercanía personal.

Tal es la forma de llevar la empresa política adelante que, con la vista muy gorda de Patricia Bullrich, colocó a un íntimo amigo, ultra K, ladero de Mariotto y ex pre candidato a intendente por el kirchnerismo, como primer senador por Juntos.

A nivel nacional, Abad, que es un dirigente con excelente oratoria, no se destacó por llevar al partido a un lugar destacado, sino a darle una mano al oficialismo de Milei en momentos en los que LLA no sólo posee pocos legisladores sino que los que tiene, ni siquiera tienen la capacidad de hablar sostenidamente sobre algún tema en sesión. Forjó una relación de mensajes diarios por whatsapp con Martín Menem, pero el desprecio público e insultos violentos del Presidente hacia los radicales pudieron más y terminó siendo dejado de lado. No lo necesitaron, ya que el acuerdo electoral con Ritondo y Santilli fue suficiente para prácticamente garantizar un triunfo sobre el peronismo kirchnerista.

A tal punto a nadie le interesa la UCR de la provincia de Buenos Aires que ni siquiera le dieron una banca en la lista de concejales de General Pueyrredon, la casa de Abad. En la ciudad donde el radicalismo tuvo enormes exponentes, que aunque eran simples vecinos poseían un nivel destacable en el entendimiento de la política que hoy no se logra ver ni siquiera en el único líder que el partido tiene en la ciudad.

Abad fué el último presidente de la UCR en la Provincia de Buenos Aires y en su lugar, logró colocar a una persona que respondía a él (respondía, porque ya no). Con aciertos o errores, hay en la provincia de Buenos Aires muchos dirigentes radicales que se pelean, se tiran sillas, se putean, pero que tienen en común el sentimiento de que el radicalismo tiene que buscar la manera de volver a representar a una parte de la sociedad que hoy sólo vota candidatos para evitar que otros ganen. Hoy no se vota con el corazón y las ideas sino en contra dé. Eso Abad lo tiene claro y acuerda en función de eso, pero hay muchos a los que todavía les interesa la política partidaria como herramienta de representatividad y transformación.

Después de años bajo la coraza de otros espacios colando candidatos desde los segundos lugares, la UCR marplatense presenta lista propia. Debería ser un hecho trascendente y de motivación. El problema es que no tiene ni una sola mujer u hombre que pueda encabezar la lista. Tienen el sello, pero no a alguien para presentar al frente de una boleta. Es el resultado de un vaciamiento intelectual producto de una estrategia político-empresarial que ha dejado a un grupo de familiares y amigos con el poder de la billetera y a un número de lo que antes eran militantes que hoy son simples empleados públicos en bloques legislativos. No hay materia gris disponible.

Para salir del problema, Abad decidió medir a Franco Bagnato y a Gabriela Azcoitía, periodistas de la ciudad. Vió los números y eligió los mejores, que eran los de Azcoitía.

Una vez más, el radicalismo marplatense irá oculto tras la figura de una persona presentable, en esta ocasión no de otro partido, sino a una figura famosa pero sin vínculo con la política. En segundo lugar, claro, un amigo de Abad que necesita seguir recibiendo la gracia de los fondos públicos.

A Gabriela Azcoitía se le debe desear lo mejor, porque puede ser que si llegan al piso de votos sea concejal. Es una oportunidad para que alguien que no trae los vicios de permanencia e inutilidad de los rentados eternos, pueda representar a los vecinos tanto en temas importantes como los que no parecen tanto, pero que en definitiva, definen su calidad de vida.

Por Joaquín Gayone
Agencia País