Una investigación elaborada por una consultora privada determinó que la Asignación Universal por Hijo se convirtió en el único pilar del gasto social que logró ganarle terreno a la suba generalizada de precios, consolidando un salto real del 88% por encima de la inflación general acumulada desde el cambio de gestión en los últimos meses. Este incremento permitió que la cobertura de la canasta básica escalara al 44,7%, cuando antes rozaba apenas el 28,1%.

Sin embargo, esta decidida priorización de recursos hacia la infancia contrastó con una tijera generalizada en casi todo el resto de los programas de asistencia del Estado. Los datos del relevamiento arrojan pérdidas muy sensibles para los beneficiarios de otras prestaciones: los programas Progresar y Potenciar sufrieron un retroceso de su capacidad de compra superior al 70%, mientras que las transferencias del PAMI cayeron un 16% y las asignaciones familiares tradicionales retrocedieron un 15% en términos reales. La Tarjeta Alimentar, por su parte, tuvo una baja moderada del 6%.

El reporte destaca que la estrategia de focalizar la ayuda económica directo en las infancias se debe principalmente a su costo fiscal reducido si se lo compara con el volumen que manejan los grandes sistemas previsionales. La caída de los índices inflacionarios y la inyección sostenida de fondos hacia este sector específico lograron una retracción temporal de la pobreza en ese rango de edad, aunque organismos internacionales advierten que la tendencia general de la economía podría presionar hacia un próximo rebote en las mediciones sociales.