La convivencia interna en el peronismo bonaerense atraviesa otro momento de extrema tirantez y los roces entre las segundas líneas amenazan con complicar cualquier intento de armado hacia el 2027. La disputa de poder entre el entorno de Cristina Kirchner y las filas que responden a Axel Kicillof sumó un nuevo capítulo cargado de reproches públicos. Esta vez, las críticas más duras salieron del camporismo, donde volvieron a apuntar contra la conducción provincial por distanciarse del espacio que lidera la ex vicepresidenta.

Desde el sector referenciado en La Cámpora, la dirigente Mayra Mendoza cuestionó con dureza los movimientos de Axel Kicillof, tildándolo de «desleal» y «desagradecido» por armar una agrupación propia y generar divisiones internas. Mendoza también acusó a la gobernación de manejar los recursos de manera discrecional en perjuicio de distritos como Quilmes y remarcó que «eso es una mancha que no se borra más», al tiempo que insistió en que la prioridad electoral debe ser garantizar la candidatura de Cristina Kirchner.

Del lado del gobierno bonaerense prefieren mantener la cautela y evitar las contestaciones directas para no alimentar la polémica. Cerca de Kicillof entienden que estos ataques buscan desgastar el acto que encabezará en Avellaneda en el marco del espacio Movimiento Derecho al Futuro. En La Plata argumentan que la discusión debe enfocarse en consolidar una propuesta firme frente a Javier Milei y consideran que la influencia de las acusaciones cruzadas es cada vez menor en el armado territorial.

En medio de este fuego cruzado, un grupo de intendentes que integra La Liga intenta actuar como mediador para bajar el tono del conflicto y tejer puentes de cara a los próximos meses. Con el antecedente del desdoblamiento electoral y los desacuerdos tácticos del pasado todavía frescos, el PJ de la provincia de Buenos Aires enfrenta el desafío de encarrilar las diferencias antes de encarar el próximo turno electoral.