La situación en los hospitales que dependen de la UBA ha llegado a un punto crítico que pone en jaque no solo la formación de los futuros profesionales, sino también la atención médica de miles de personas. Desde la institución académica advirtieron que las partidas enviadas por la gestión nacional son totalmente insuficientes para cubrir los gastos operativos mínimos. El panorama es complejo: los fondos para funcionamiento se mantienen congelados a valores del año pasado, mientras que la inflación y el aumento en los insumos médicos han disparado los costos de manera exponencial. Esta asfixia financiera afecta directamente a centros emblemáticos como el Hospital de Clínicas, el Lanari y el Roffo.
Las autoridades universitarias señalaron que el desfasaje presupuestario es de tal magnitud que ya se están viendo obligados a restringir ciertas prestaciones y turnos. La falta de insumos básicos y el deterioro de la infraestructura son las señales más visibles de una crisis que, según denuncian, responde a una decisión política de ajuste sobre el sector público. «La situación es desesperante porque no se trata solo de educación, acá estamos hablando de salud pública y de pacientes que no tienen otra alternativa para tratarse», explicaron desde los sectores gremiales y académicos vinculados a la salud universitaria.
En este contexto, la preocupación se traslada también al personal médico y no docente, cuyos salarios han quedado muy por detrás del costo de vida. La falta de respuesta por parte del Ejecutivo Nacional ante los reclamos de actualización presupuestaria ha generado un clima de incertidumbre total. Si no se produce un giro inmediato en el envío de recursos, el funcionamiento de estos hospitales de alta complejidad podría verse interrumpido parcialmente en el corto plazo, dejando a la deriva a una red sanitaria que es pilar fundamental para la Ciudad de Buenos Aires y el área metropolitana.
