La foto que se gestó en Paraná pisó fuerte dentro de la oposición dialoguista, mostrando una sintonía fina entre el PRO y el radicalismo que no pasó desapercibida para Balcarce 50. Mauricio Macri se reunió con Rogelio Frigerio y Maximiliano Pullaro en un encuentro que sirvió para amalgamar posiciones frente al rumbo de la gestión central, pero que por lo bajo encendió los motores de cara a los armados electorales que se vienen. Los mandatarios provinciales llevaron a la mesa su preocupación por la recesión y el freno total de la obra pública, dos factores que golpean de lleno la recaudación y el empleo en sus territorios.

La quita de recursos por parte del Ejecutivo nacional obligó a Entre Ríos y Santa Fe a recalibrar sus cuentas, en un escenario donde el ahogo financiero se siente con fuerza en las actividades productivas de la región litoraleña. Pese al malestar evidente por el reparto de los fondos, el bloque opositor coincidió en la necesidad de blindar la gobernabilidad y no empujar al abismo a la gestión actual, apostando por un equilibrio delicado: acompañar las reformas de fondo en el Congreso pero plantar bandera firme en la defensa de los recursos de cada provincia.

La gran incógnita que sobrevoló la cumbre tiene que ver con los próximos turnos electorales y la conveniencia de confluir o no en una alianza formal con los libertarios. Mientras se debaten esas estrategias, Macri viene manteniendo una seguidilla de reuniones reservadas con empresarios del círculo rojo y gobernadores del interior, movimientos que alimentan con fuerza la idea de que está tanteando el terreno para volver a presentarse como candidato a Presidente en 2027. La ingeniería política para consolidar una alternativa competitiva recién arranca, y los caciques provinciales prefieren resguardar sus propios distritos antes de apurar definiciones que puedan licuar su capital político frente al electorado.