El panorama institucional para Luis Barrionuevo se complicó de manera drástica en el ámbito de su propia organización. Tanto desde los despachos oficiales del área laboral de la Nación como desde los tribunales específicos del sector se tomó la determinación de no convalidar la validez de los comicios internos celebrados a fines del año pasado. Esta negativa a entregar la correspondiente certificación de autoridades abre un escenario de enorme incertidumbre jurídica y administrativa para la actual conducción.
La falta de reconocimiento formal traba de forma directa el normal funcionamiento de la estructura de los gastronómicos. Sin los papeles en regla y las firmas convalidadas, se vuelve cuesta arriba sentarse a discutir mejoras salariales en las paritarias sectoriales o encarar cualquier tipo de reforma sobre los convenios colectivos de trabajo que rigen la actividad. Esta parálisis no solo afecta los bolsillos de los afiliados, sino que debilita la posición del gremialista frente a las patronales.
Ante la falta de una cabeza legalmente constituida, dentro de la organización sindical empezó a circular con mucha fuerza el rumor de una posible designación de un administrador externo por parte del Estado para regularizar los papeles. El temor a perder el control territorial e histórico de las finanzas y las decisiones del sindicato mantiene en alerta máxima a todo el sector alineado con el histórico dirigente, que ve cómo sus décadas de hegemonía quedan en la cuerda floja por este revés técnico y político.
