La plataforma de comercio electrónico Mercado Libre se encuentra en el centro de una polémica debido a acusaciones de aplicar precios diferenciados para un mismo producto, dependiendo del usuario que lo consulte. La controversia cobró fuerza en redes sociales, donde circularon capturas de pantalla que evidenciaban variaciones significativas en los costos. Un caso particularmente notorio fue el expuesto por un economista especializado en medios de pago, quien mostró cómo dos personas podían observar hasta un 20% de diferencia en el precio de una grifería para baño al acceder a la misma oferta desde cuentas distintas y de manera simultánea. Esta situación generó inquietud entre los consumidores sobre la transparencia de los precios en la popular plataforma.
Frente a estas denuncias, la compañía negó categóricamente que su sistema muestre valores distintos para cada comprador de forma individual o que exista un esquema generalizado de precios personalizados. Sin embargo, en un giro que sorprendió a muchos, fuentes de la empresa reconocieron la existencia de «pruebas de promociones» o «testeos comerciales con grupos de control». Explicaron que, en estos experimentos, se muestran precios o promociones diferentes a «grupos muy reducidos de usuarios durante períodos limitados» con el fin de medir la efectividad de cada estrategia. Esta admisión, aunque presentada como una práctica habitual de marketing, valida en la práctica la experiencia de los usuarios que reportaron ver precios distintos.
Así, la defensa de la plataforma, al intentar desmentir la personalización de precios, terminó por confirmar que, bajo ciertas condiciones, dos usuarios pueden efectivamente encontrarse con valores diferentes para el mismo artículo. La empresa argumenta que estas pruebas son acotadas en tiempo y participantes, y no constituyen una política permanente. A esto se suma la posibilidad de que los propios vendedores utilicen un sistema de precios dinámicos, ajustando automáticamente los costos según la demanda o el comportamiento del mercado. Esta combinación de factores deja a los consumidores en una posición donde la transparencia de los precios se vuelve una cuestión compleja, a pesar de las explicaciones de la compañía.
