El tan anunciado Pacto de Mayo del presidente Javier Milei con los gobernadores provinciales, finalmente no se concretará. Esta decisión pone fin a meses de arduas negociaciones y desencuentros entre la Casa Rosada y los mandatarios territoriales.

Desde un inicio, el vínculo entre ambas partes estuvo plagado de altibajos. Si bien la mayoría de los gobernadores manifestó su intención de colaborar con la gobernabilidad, las tratativas parlamentarias en torno a la Ley de Bases generaron profundas fisuras en la confianza mutua.

A pesar de los esfuerzos del Gobierno por lograr el apoyo necesario, las reiteradas modificaciones exigidas por bloques opositores con influencia sobre varios gobernadores retrasaron los plazos previstos. «Los pedidos de cambios fueron consumiendo días del calendario y desgastando el vínculo», expresaron fuentes oficiales.

En el Senado, la situación no fue más alentadora. Ante la falta de un dictamen unificado, el Ejecutivo debió recurrir a la intervención de la vicepresidenta Victoria Villarruel para destrabar las negociaciones parlamentarias, voto a voto.

«Muchos gobernadores advertían que el Pacto no iba a firmarse. Ni siquiera habían recibido la invitación formal», señalaron voceros consultados. Tan solo el mandatario cordobés, Martín Llaryora, acompañará a Milei en un acto el 25 de mayo, lejos del gran encuentro previsto.

La compleja relación entre la Nación y las provincias, sumada a los resquemores por incumplimientos mutuos, socavaron la posibilidad de alcanzar un acuerdo amplio. «No hay acuerdos firmes, pero sí una decisión de construir un vínculo más maduro con Milei», admitieron algunos gobernadores opositores.

Pese a los esfuerzos iniciales, el Pacto de Mayo perdió fuerza ante los obstáculos surgidos. En su lugar, se vislumbra una nueva etapa de negociaciones constantes entre la Casa Rosada y los ejecutivos provinciales, en busca de preservar sus respectivas autonomías.