Mauricio Macri reapareció en la escena pública con definiciones contundentes sobre el rumbo económico del país y la marcha de la actual administración nacional. El exmandatario se refirió al eje central del discurso oficialista y advirtió que «el equilibrio fiscal es de mala calidad», argumentando que el sostenimiento de las cuentas públicas se está logrando mediante la postergación de pagos y deudas acumuladas, en lugar de una reforma estructural sostenible. Sus declaraciones marcaron una toma de distancia respecto al optimismo que suele mostrar Balcarce 50 en materia financiera.

Durante una disertación que captó la atención del mundillo político, analizó el panorama recesivo y expresó su preocupación por la falta de un plan de desarrollo que complemente el ajuste. En ese sentido, puso el foco en la caída de la actividad impositiva y el freno de la economía real, señalando que «la recaudación cayó un 20%» en términos reales. Para Macri, este indicador refleja el impacto directo que están sufriendo las empresas y los trabajadores en la calle, un panorama que, según su visión, requiere medidas urgentes de reactivación antes de que se profundice el parate generalizado.

A pesar de los cuestionamientos técnicos, buscó dejar en claro que sus observaciones no implican una ruptura política ni un intento de debilitar la gobernabilidad de Javier Milei. Remarcó que su intención es aportar una mirada constructiva desde la experiencia de haber gestionado el Estado y enfatizó: «Queremos que al Gobierno le vaya bien, pero hay que decir las cosas como son». El mensaje dejó flotando la necesidad de aceitar la sintonía fina entre las fuerzas aliadas para corregir los desequilibrios que todavía persisten en la gestión diaria.