La convivencia dentro del espacio oficialista sumó un nuevo capítulo de alta tensión que reconfigura el mapa de poder en los despachos más importantes de la Casa Rosada. Karina Milei tomó la drástica determinación de marginar a Patricia Bullrich de los encuentros en los que se define la marcha de la gestión. El detonante de esta tajante medida fue el reclamo público que la legisladora le hizo al vocero Manuel Adorni para que presentara su declaración de bienes, un asunto patrimonial que mantiene en vilo a la cúpula del gobierno desde hace más de dos meses.

La determinación de la influyente funcionaria no tardó en generar réplicas directas en el entorno de la dirigente afectada. Desde el círculo íntimo de Bullrich dejaron en claro que no piensan quedarse de brazos cruzados ni tolerar de forma sumisa este tipo de desplazamientos institucionales, marcando una clara diferencia con otros dirigentes que prefirieron el silencio ante situaciones similares. “Ella puso todo y ahora la maltratan al pedo, ahora que se la banquen”, advirtieron con dureza los colaboradores más cercanos a la referente, asegurando además que es una estratega que sabe manejar los tiempos y no tiene nada que perder.

El panorama se vuelve todavía más complejo debido a que esta marginación coincide con otros ruidos internos que salpican a las segundas líneas de la administración. En los pasillos políticos ya se especula con posibles reagrupamientos y acuerdos tácticos entre distintos sectores descontentos para conformar un contrapeso electoral. Mientras tanto, la exclusión de las deliberaciones de los lunes expone una profunda grieta en el corazón de la alianza gobernante, dejando en evidencia que cualquier disidencia pública, por mínima que sea, se paga con el destierro de la mesa de decisiones.