El armado político bonaerense viene generando ruidos internos que amenazan con trabar las aspiraciones nacionales del oficialismo provincial. En los pasillos del justicialismo se siente una incomodidad cada vez más marcada por el modo en que se mueve el equipo directo de Axel Kicillof. Muchos dirigentes históricos y territoriales coinciden en que la mesa chica provincial funciona con una lógica cerrada y hermética, lo que levanta una barrera innecesaria con sectores clave del movimiento que deberían ser aliados estratégicos en la construcción de una alternativa de poder con proyección de futuro.
Esta dinámica de decisiones centralizadas en unos pocos nombres leales frena la posibilidad de sumar apoyos transversales en el mapa federal. La queja generalizada apunta a que no se abre el juego ni se escucha a las distintas vertientes partidarias, algo indispensable si la meta real es estructurar un proyecto competitivo. La percepción de un entorno impenetrable debilita la capacidad de contención del espacio justo cuando la unidad debería ser la prioridad para consolidar liderazgos de cara a los próximos desafíos electorales.
Para colmo de males, el escenario nacional se complejiza con alternativas que empiezan a tomar fuerza en las provincias. En el tablero del PJ, incluyendo al núcleo kicillofista, ya se analiza con atención la posibilidad de una postulación de Sergio Uñac, con un posible respaldo de Sergio Massa, Cristina Kirchner y varios referentes del interior del país. Esta confluencia de apoyos busca moldear un contrapeso de peso frente a las intenciones del mandatario de Buenos Aires, instalando una competencia interna fuerte que obligará a barajar y dar de nuevo.
El recelo hacia el estilo de conducción bonaerense no viene solo de los sectores tradicionalmente distantes, sino también de referentes parlamentarios que reclaman una articulación más franca y menos rígida. Mientras la gestión provincial se enfoca en confrontar con la Casa Rosada, las formas del equipo platense minan la paciencia de la militancia y el peronismo tradicional. Si no hay un cambio de rumbo urgente en la estrategia de apertura y diálogo, el camino hacia una postulación presidencial se llenará de obstáculos puestos por los propios compañeros de espacio.
