Las urnas de Israel abrieron este martes en un proceso electoral marcado por un profundo clima de tensión regional y tres años de conflictos bélicos en múltiples frentes. Un padrón de unos 7,3 millones de ciudadanos se encuentra habilitado para participar de estos comicios legislativos, incluyendo a más de medio millón de jóvenes que votan por primera vez y a miles de personas que decidieron regresar desde el extranjero exclusivamente para sufragar. El sistema de representación proporcional define cómo se repartirán los escaños del Parlamento entre las listas de los distintos partidos políticos.

La disputa central por el poder se concentra principalmente entre dos grandes figuras del escenario político local. Por un lado, Benjamin Netanyahu encabeza el partido Likud, intentando sostener su permanencia en el cargo en medio de un escenario crítico y con el respaldo internacional de aliados como Donald Trump. En la vereda de enfrente se ubica Gadi Eisenkot al frente de la fuerza Yashar, quien representa a un bloque opositor unificado que busca desplazar al actual gobierno y propone alternativas diferentes para la seguridad nacional y la relación con los frentes de conflicto de la región.

El mapa legislativo también cuenta con la participación de otras fuerzas clave que definirán el futuro armado de las alianzas gubernamentales, como la Lista Árabe Unida Ra’am, conducida por Mansour Abbas, y la alianza de partidos de ciudadanos árabes-israelíes integrada bajo La Lista Conjunta. Dado el complejo panorama de preferencias y la fragmentación del electorado, los analistas estiman que ninguno de los bloques principales logrará alcanzar de manera directa las 61 bancas necesarias en la Knesset para formar un gobierno en solitario, lo que dejará el destino institucional en manos de negociaciones posteriores y de la intervención del presidente Isaac Herzog para destrabar la formación de la nueva administración.