La economía boliviana cerró septiembre con una suba de precios del 0,85%, en un periodo marcado por el impacto inicial que generó la eliminación de la subvención estatal al diésel dispuesta por la administración del presidente Rodrigo Paz. De acuerdo con el reporte oficial difundido por el Instituto Nacional de Estadística, la variación acumulada en los primeros nueve meses del año trepó al 3,88%, mientras que la medición interanual se ubicó en el 5,70%.
El incremento mensual estuvo fuertemente vinculado al nuevo esquema del combustible, que desde el pasado 18 de septiembre pasó a comercializarse a 17,95 bolivianos por litro al quedar atado a las cotizaciones internacionales. Si bien la medida desató inmediatos reclamos y advertencias de los sindicatos de transportistas por los mayores costos operativos, el impacto sobre el costo de vida no se limitó de forma exclusiva al sector logístico.
Según los registros del organismo estadístico, las divisiones que más empujaron el índice general fueron el transporte, los alimentos y bebidas consumidos tanto dentro como fuera de los hogares, la salud, las comunicaciones, además de los servicios básicos y los bienes para el hogar. En contrapartida, algunos rubros mostraron bajas en sus cotizaciones, entre los que se destacaron la carne de pollo y ciertos materiales de construcción.
El comportamiento de los precios mostró marcadas disparidades geográficas a lo largo del territorio nacional durante el noveno mes del año. Mientras que ciudades como Sucre, Potosí y Cochabamba sufrieron las mayores subas mensuales con un 2,26%, un 1,88% y un 1,47% respectivamente, otras regiones experimentaron variaciones mucho más moderadas, reflejando un panorama económico complejo que continúa desafiando las previsiones oficiales del Banco Central de Bolivia.
