El expresidente de Brasil, Lula Da Silva, ha rechazado la invitación para asistir a la toma de posesión de Javier Milei como presidente de Argentina y ha decidido enviar a su canciller, Mauro Vieira, en su representación. Esta decisión refleja las tensiones que existen entre ambos países y la molestia de Brasil por los insultos de Milei hacia Lula, a quien acusó de «comunista y corrupto». Además, en Brasil existe preocupación por la futura relación con Milei y se especula sobre la posibilidad de romper relaciones. A pesar de los intentos de acercamiento entre Lula y el equipo de Milei, la presencia del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en la ceremonia dificulta la asistencia de Lula.

El gesto de Lula de enviar a su canciller a la toma de posesión en lugar de su vicepresidente, Gerardo Alckmin, como hizo Bolsonaro en la asunción de Alberto Fernández, ha sido interpretado como una señal de distensión por parte del gobierno brasileño. Sin embargo, el canciller Vieira contradice los deseos de la diplomacia brasileña, que proponía la presencia de Alckmin, quien también es ministro de Comercio Exterior. Esta situación refleja las tensiones bilaterales existentes y la dificultad de establecer una relación estable entre ambos países.