Tradicionalmente, los años mundialistas representan un impulso considerable para la comercialización de televisores, un fenómeno que las grandes cadenas suelen capitalizar con agresivas campañas. Sin embargo, en esta ocasión, el esperado efecto del evento deportivo parece mitigado por la realidad económica. La capacidad de compra de los hogares argentinos no muestra signos de recuperación, y los salarios apenas logran seguir el ritmo de la inflación. A esto se suma que el fuerte volumen de ventas de 2025, impulsado por promociones y la llegada de productos importados a precios más competitivos, ya satisfizo gran parte de la demanda de renovación. Como señaló una fuente de un retail líder, «El que compró una heladera el año pasado no va a comprar otra ahora. Ahí ya tenemos una limitante importante.»

La dinámica de financiamiento también ha cambiado drásticamente. Con la eliminación de los subsidios estatales a las cuotas, la responsabilidad recae ahora en bancos, procesadoras de pago y las propias cadenas, lo que a menudo implica tasas de interés elevadas, de hasta el 3% o 4% mensual. Esta situación dificulta aún más el acceso a productos de mayor valor. Además, la sobreestimación del mercado en el pasado reciente llevó a algunos comerciantes a acumular stock de mercadería importada que no logró venderse, lo que podría derivar en futuras liquidaciones. Por otro lado, categorías como tablets, notebooks y celulares enfrentan un desafío global: la alta demanda de memorias por parte de la industria de la Inteligencia Artificial encarece sus componentes, neutralizando cualquier beneficio local por baja de impuestos internos.