A dos meses de que los estadounidenses vuelvan a las urnas para elegir legisladores, Donald Trump lanzó una jugada que encendió todas las alarmas por su fuerte tono electoral. En una convención partidaria celebrada en Texas, planteó que entregará un cheque de 5.000 dólares a cada persona mayor de edad si el Partido Republicano logra quedarse con el control del Congreso nacional. Ante una muchedumbre entusiasta, el mandatario bautizó este eventual desembolso con el nombre de «Dividendo Trump» y prometió que «si los republicanos ganan, ustedes ganan con nosotros y reciben 5.000 dólares».
Esta llamativa propuesta de reparto directo significaría un impacto fiscal gigante para las arcas públicas del país norteamericano, con un desembolso global que rondaría los 1,2 billones de dólares. Sin embargo, el referente político optó por no dar precisiones sobre la letra chica de la iniciativa: omitió explicar cómo planea financiar semejante volumen de dinero o cuál sería la ingeniería normativa para ejecutar las transferencias a la población.
Las declaraciones aparecen justo cuando las mediciones y sondeores no marcan un panorama claro para el oficialismo norteamericano. Con esta oferta económica de difícil concreción, la intención del líder conservador apunta a entusiasmar a los sectores más duros de sus militantes y atraer votantes indecisos, apelando a una promesa directa de dinero en efectivo que desafía la clásica línea de su propio espacio político sobre contener el gasto del Estado.
