El gobierno norteamericano oficializó la apertura temporal de una cuota de importación de 300.000 toneladas de carne vacuna con beneficios arancelarios, pero la producción ganadera local no podrá sacar provecho de esa ventana. La decisión fue dispuesta bajo la modalidad de «Otros países o áreas», un casillero reservado para naciones que no cuentan con una asignación fija. Al disponer la industria nacional de un cupo propio preestablecido, quedó automáticamente descartada para este nuevo reparto extra que beneficiará a competidores como Brasil, Paraguay o Irlanda.

La medida impulsada por la gestión de Donald Trump busca frenar la escalada de precios en los mostradores de su país. Según argumentan desde la Casa Blanca, el mercado estadounidense atraviesa un descalce entre oferta y demanda debido a que el rodeo vacuno atraviesa su punto más bajo en 75 años, condicionado además por incendios, sequías y bloqueos preventivos al ingreso de hacienda en pie desde México. Ante este cuadro, proyecciones de su Departamento de Agricultura prevén un recorte del 4% en la faena local para 2026.

Esta restricción para participar del beneficio extra llega en un momento de notable dinamismo para los frigoríficos argentinos. Tras el convenio firmado en febrero que elevó el cupo anual libre de aranceles de 20.000 a 100.000 toneladas, los despachos hacia ese destino crecieron de manera exponencial. En los primeros siete meses del año se despacharon 67.118 toneladas de carne, lo que representa un salto del 202,6% en comparación con las 22.183 toneladas registradas en el mismo período de 2025. El esquema de este nuevo permiso de 300.000 toneladas se implementará a partir del 1° de septiembre en tres tramos bajo el criterio de orden de llegada, condicionado a que los cortes magros lleguen a destino con al menos un 25% de rebaja frente a los valores de mercado.