Parece una constante que a Javier Milei le guste llamar la atención atacando de manera directa al mandatario del socio comercial y estratégico más relevante de la región. Lejos de bajar los decibeles tras los reclamos diplomáticos originados por sus dichos en la convención de Flavio Bolsonaro —donde tildó a Lula da Silva de «ladrón», «corrupto» y «basura socialista»—, la figura central del Ejecutivo nacional volvió a la carga para ratificar cada una de sus expresiones. Durante una entrevista televisiva, sostuvo que no planea retractarse porque se siente «un cruzado de las ideas de la libertad» y consideró que responder a sus adversarios con descalificaciones directas forma parte de su estilo.
El eje de su postura se apoyó en el recorrido judicial de la causa Lava Jato. Según sus argumentos, el líder brasileño «es un corrupto» que estuvo privado de su libertad durante 580 días y que recuperó la libertad no por una declaración de inocencia, sino únicamente por una «falla en el procedimiento». Con ese término se refirió a la resolución de la Corte Suprema de Brasil que anuló las sentencias dictadas en Curitiba por razones de jurisdicción territorial. Para la conducción política argentina, recordar ese expediente no es más que responder con hechos concretos a las agresiones verbales que dice recibir del bloque progresista regional.
La reiteración de estos calificativos generó un sacudón en los canales institucionales de ambos países. Desde Brasilia, la cancillería reaccionó citando al embajador Daniel Raimondi para expresar su malestar y llamando a consultas al representante diplomático Julio Bitelli. A pesar de que desde el equipo de la Cancillería argentina intentaron bajar la tensión al afirmar que «no hay ninguna chance de que de nuestro lado las relaciones se rompan», el conflicto dejó en evidencia una distancia ideológica difícil de disimular.
Por su parte, la respuesta desde el territorio vecino tampoco tardó en llegar. Durante un acto partidario en el estado de Ceará, se remarcó que la extrema derecha no volverá a gobernar ese país y se ironizó sobre los apoyos internacionales: «Si quiere venir Donald Trump, que venga. Si quiere venir Javier Milei, que venga». De esta manera, el choque político suma capítulos y mantiene en suspenso la dinámica comercial y diplomática de la región.
