La escena en el Festival de Jesús María, con el presidente Javier Milei compartiendo escenario y micrófono con el Chaqueño Palavecino para entonar «Amor salvaje», ha desatado una ola de comentarios y críticas, especialmente por la aparente contradicción con posturas previas del mandatario. Este episodio, que muchos interpretan como un intento de capitalizar la popularidad de los eventos masivos, recuerda curiosamente la participación de artistas en festivales públicos que el propio Milei ha cuestionado en el pasado, una situación que no pasó desapercibida para figuras del espectáculo y el periodismo.
Jorge Rial, conocido por sus comentarios incisivos, no tardó en expresar su desaprobación a través de las redes sociales. Con un tono mordaz, el periodista se refirió al artista salteño con apodos como «El Chequeño Palavecino» o «El Chaqueño Pagavecino», sugiriendo una dependencia de fondos estatales. «No era así como los bautizaban a los artistas que viven de la del Estado?», cuestionó Rial, poniendo en tela de juicio la coherencia de la aparición presidencial en un contexto de espectáculos populares, y señalando una posible inclinación mercantilista en la elección del escenario.
La reacción más esperada provino de Lali Espósito, quien ya había protagonizado tensos intercambios con el presidente. Con una ironía palpable, la cantante replicó en su cuenta de X: «Qué sorpresa. Qué alegría. ¡Larga vida a los festivales populares!». Este mensaje, una adaptación de su célebre «Qué peligroso, qué triste» tras las PASO 2023, subraya la percepción de que Milei, al participar en un evento de esta índole, estaría emulando el tipo de interacción con el público y los festivales que él mismo criticó duramente cuando se trataba de otros artistas.
La presencia del presidente en el escenario de Jesús María, cantando junto a un artista que ahora es objeto de cuestionamientos sobre su relación con el erario público, ha generado un intenso debate. Las redes sociales se llenaron de comentarios que van desde la incredulidad hasta la acusación de «circo sin pan», reflejando el descontento de quienes ven una incoherencia entre el discurso de austeridad y la participación en un espectáculo popular, especialmente cuando se compara con las críticas dirigidas a otros artistas por su vínculo con festivales financiados con fondos públicos.
