Axel Kicillof acelera una jugada de ajedrez político que apunta a dos frentes de manera simultánea. Por un lado, ordenó activar el debate en la Legislatura provincial para dar marcha atrás con el tope a las reelecciones de los mandatarios municipales. Al desempolvar un proyecto normativo para que los jefes distritales puedan competir nuevamente, el mandatario busca tender un puente directo de contención hacia el poder territorial de la provincia. La traba legal vigente afecta la continuidad de alrededor de 80 jefes comunales, por lo que responder a esta demanda histórica se convirtió en un recurso indispensable para amortiguar los cuestionamientos internos de cara a la carrera por la sucesión en la provincia.
De manera paralela, la Casa de Gobierno bonaerense puso en marcha un esquema de expansión nacional a través del Movimiento Derecho al Futuro. En lugar de desplegar un esquema moderno o estructurado en las provincias, la estrategia se apoya en métodos más tradicionales de tejido político, enviando a sus principales colaboradores del gabinete a realizar incursiones en distritos como Entre Ríos, Santa Fe, Mendoza, Corrientes y Chubut. Funcionarios como Carlos Bianco, Walter Correa, Javier Rodríguez, Jorge Ferraresi y Daniel Gollán ya encabezan recorridas, encuentros sectoriales y actos con la vista puesta en la escena política nacional.
Este doble movimiento se produce en un marco de crecientes roces con el sector kirchnerista tradicional y con el Frente Renovador, agrupaciones que rechazan retocar la ley que limita los mandatos locales. Mientras desde La Cámpora, a través de Máximo Kirchner, envían señales públicas pidiendo entablar canales de diálogo pero advirtiendo sobre las discusiones dentro del espacio, Kicillof procura blindar su propia construcción política combinando el respaldo de la liga municipal bonaerense con la proyección de dirigentes leales fuera de las fronteras de la provincia.
