Parece que el rumbo diplomático nacional suma un nuevo traspié que complica aún más las relaciones exteriores. Cuando las autoridades asiáticas intentaron ubicar de urgencia al representante diplomatíco en ese país, Marcelo Suárez Salvia, para expresarle un fuerte reclamo formal por trascendidos y falsas noticias vinculadas a los acuerdos bilaterales, se chocaron con un escenario insólito. El diplomático no estaba disponible en la sede oficial debido a que había decidido viajar por cuestiones personales a Xinjiang.
El problema principal radica en el destino elegido para sus días de descanso. Se trata de un territorio sumamente sensible y custodiado por el gobierno central debido a los históricos conflictos étnicos con la minoría musulmana que habita la región. La presencia del funcionario allí, sin las notificaciones correspondientes, fue interpretada de inmediato por la administración de Beijing como un gesto de abierta provocación, lo que terminó dinamitando los puentes de diálogo que los enviados de la Casa Rosada intentaban reconstruir.
Dentro de la propia Cancillería la sorpresa y el malestar son totales por semejante falta de lectura política. Este cortocircuito no solo paraliza las gestiones que Karina Milei y Pablo Quirno planeaban realizar en la región, sino que profundiza un mapa internacional plagado de tensión, marcado por los cruces previos con el gobierno de Brasil y las recientes trabas comerciales impuestas desde Estados Unidos para el ingreso de carne.
