La interna del peronismo ha comenzado a mostrar matices que buscan escapar de la polarización tradicional. En medio de los ruidos entre distintos sectores bonaerenses, Sergio Uñac ha puesto sobre la mesa una estrategia que intenta devolverle al Partido Justicialista una dinámica de debate federal y organizado. El planteo central del sanjuanino no se agota en una simple disputa de nombres, sino en la implementación de un cronograma de internas abiertas que permita una exposición constante de propuestas sin que ello signifique un desgaste irreversible para las figuras que aspiran a liderar el espacio en el futuro.

La metodología concreta que Sergio Uñac ha comenzado a circular entre sus pares se inspira en el sistema de primarias por estados de Estados Unidos, pero adaptado a la geografía nacional. Su plan consiste en fragmentar la elección interna en cuatro jornadas distintas, distribuidas en diferentes regiones del país a lo largo de seis meses. Por ejemplo, el calendario arrancaría en el Noreste, seguiría en el Noroeste y, tras un breve receso, continuaría en la zona central para concluir en la Patagonia. Esta rotación permitiría que el peronismo domine la conversación pública durante medio año, obligando a los aspirantes a profundizar en las problemáticas específicas de cada territorio y evitando que la atención se licue en una única jornada electoral de alcance nacional.

Esta iniciativa busca que el peronismo se mantenga activo y en la agenda pública durante varios meses, evitando las decisiones a puertas cerradas que muchas veces terminan en fracturas. La intención es que la diversidad de alternativas enriquezca el proyecto nacional, permitiendo que la sociedad participe de un proceso de selección más democrático y transparente. De esta manera, figuras como Axel Kicillof o los gobernadores del norte aparecen en el esquema como parte de una oferta amplia, pero bajo una metodología de competencia que priorice la unidad final por sobre las ambiciones individuales, garantizando que el candidato que resulte vencedor llegue con un respaldo legitimado por las bases.

La mirada de Uñac se distancia de las urgencias de Buenos Aires para proponer un esquema donde el interior tenga un rol protagónico. Según su visión, el movimiento necesita rediscutir ideas de fondo, poniendo el foco en sectores estratégicos: «Argentina tiene tres cosas que hoy demanda el mundo: energía, minería y alimento; si logramos establecer pilares sólidos de desarrollo, el país tendrá mucho futuro». Para él, esta comprensión del potencial productivo es algo que se percibe con mayor claridad desde las provincias que desde la óptica de la Capital Federal.