Las mesas electorales abrieron temprano en todo el territorio brasileño en una jornada histórica que define si la conducción del país continúa en manos de la centroizquierda o si se inclina hacia el polo conservador. Con más de 158 millones de ciudadanos capacitados para sufragar, la jornada transcurre bajo una atmósfera de marcada paridad entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las proyecciones sugieren que la contienda derivará indefectiblemente en un balotaje pautado para el próximo 25 de octubre, dado que ningún espacio lograría perforar la barrera de los votos necesarios para resolver el cuadro en este primer turno.
A la hora de pasar por la urna en São Bernardo do Campo, el mandatario buscó marcar el tono del escenario político al plantear que «los electores deberán elegir entre fortalecer el régimen democrático y la barbarie, entre el positivismo y el negacionismo, el crecimiento económico y retroceso». Casi en simultáneo desde Río de Janeiro, el senador opositor dejó en claro su postura contundente para enfrentarlo al indicar que «Brasil necesita cambio para acabar con la era de atraso».
Las cifras que manejan las principales consultoras retratan la paridad técnica sin precedentes. El estudio más reciente de Datafolha asigna al oficialismo un 45% de los sufragios válidos frente a un 42% de la oposición, marcando la distancia más estrecha registrada antes de una primera vuelta desde el retorno de la democracia en 1989. Por otro lado, la medición realizada por Atlas/Bloomberg otorga un 47% a la gestión actual contra un 44% a su competidor, con un escenario de eventual segunda vuelta donde la brecha se achica a apenas dos décimas de diferencia.
Más allá de los porcentajes, la gran incógnita del domingo radica en el ausentismo, una variable que mantiene en vilo a los apoderados de las listas. Históricamente, la baja participación suele castigar con mayor fuerza a las clases trabajadoras de menores ingresos, un sector golpeado por las deudas cotidianas que muestra desinterés tras una campaña carente de debates y con escasa movilización en las calles. La jornada también contempla la renovación legislativa y las gobernaciones, en un contexto internacional marcado por la atenta mirada de Estados Unidos y la gestión de Donald Trump, alineada abiertamente con las aspiraciones del espacio opositor.
