En el municipio de Uruapan, Michoacán, México, se vivieron momentos de extrema tensión y violencia luego del asesinato del alcalde Carlos Manzo Rodríguez. Durante las protestas que siguieron al funeral del político, manifestantes enfurecidos tomaron el Palacio de Gobierno local, causando destrozos y prendiendo fuego en el edificio. La multitud, que exigía justicia, también lanzó mobiliario desde el balcón principal, evidenciando el desborde de la indignación popular.
Carlos Manzo, quien había sido asesinado a tiros el sábado mientras participaba en un evento público por el Día de los Muertos, era una figura política que había denunciado en varias ocasiones la presencia y violencia del crimen organizado en la región. Su esposa, Grecia Quiroz, hizo un llamado a la comunidad para continuar la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad, subrayando la necesidad de educar a las nuevas generaciones para evitar que se involucren en actividades delictivas. Además, destacó que la tragedia afecta a muchas familias, incluyendo la de los agresores, en un intento de humanizar el conflicto.
El asesinato ocurrió en la plaza principal de Uruapan, donde Manzo fue atacado por sicarios, uno de los cuales fue abatido y otros dos detenidos. A pesar de contar con protección federal y municipal desde 2024, la violencia no pudo ser evitada. Las autoridades han identificado la presencia de varios cárteles en la zona, entre ellos el Cartel Jalisco Nueva Generación y Los Caballeros Templarios, lo que complica la situación de seguridad. La presidenta Claudia Sheinbaum condenó el crimen y prometió que no habrá impunidad, mientras la comunidad local sigue exigiendo respuestas y justicia.
