Donald Trump ha sido acusado de cuatro cargos penales en el caso del fiscal especial Jack Smith, por los esfuerzos por anular las elecciones de 2020 que condujeron al asalto del Capitolio de EE.UU. el pasado 6 de enero. A pesar de esto, Trump sigue siendo precandidato a la presidencia y busca la designación del Partido Republicano para las elecciones de 2024.

Pero, ¿puede un exmandatario condenado por un crimen ser presidente? Aunque los tribunales no han resuelto completamente esta cuestión, el consenso general es que ni una acusación ni una condena impedirían legalmente que Trump fuera elegido.

La Constitución establece solo tres requisitos para ser presidente: haber nacido en Estados Unidos, haber residido en el país al menos 14 años y tener 35 años o más. Por lo tanto, incluso si Trump fuera condenado por un delito, teóricamente podría seguir siendo elegido y servir como presidente.

En el pasado, otros candidatos han presentado su candidatura a la Casa Blanca mientras estaban encarcelados, y algunos incluso lo han hecho con éxito. Uno de los casos más notables es el de Eugene Debs, un candidato socialista a la presidencia a principios del siglo XX que obtuvo más de 900.000 votos en una campaña presidencial en 1920 que llevó a cabo mientras estaba encarcelado por una condena de espionaje.

Sin embargo, la cuestión de si un presidente podría ejercer su cargo desde prisión está menos clara, y algunos expertos creen que esto podría presentar una barrera práctica o política para Trump en su intento de regresar a la Casa Blanca.

“La Constitución tiene muy pocos requisitos para ejercer como presidente, como tener al menos 35 años de edad. No impide que nadie acusado, condenado, o incluso encarcelado, se postule como presidente y gane la presidencia”, dijo el profesor de derecho de la Universidad de California en Los Ángeles, Richard L. Hasen, uno de los principales expertos del país en derecho electoral.

Sin embargo, Hasen también señaló que “cómo alguien serviría como presidente desde la prisión es una pregunta felizmente no probada”. En cualquier caso, la pregunta sobre si un exmandatario condenado por un crimen podría ser presidente sigue siendo un tema de debate y controversia en los Estados Unidos.