La discusión sobre el verdadero rumbo de los precios sumó un dato complejo que enciende las alarmas de cara a los próximos meses, más allá de lo que muestran los indicadores de consumo masivo a corto plazo. El Indec dio a conocer el Índice de Precios Internos al Por Mayor (IPIM), que registró una fuerte aceleración al marcar una suba del 5,2% durante el último mes medido. Este salto corta la tendencia de desaceleración que traía el segmento y genera preocupación en las góndolas por el inevitable traslado que suele darse hacia los comercios de cercanía y supermercados.

El fenómeno responde a una combinación de factores que venían presionando la estructura de costos de los sectores productivos. El empuje principal estuvo liderado por los productos importados, que treparon un 8,1%, mientras que los artículos nacionales subieron un 4,9%. Dentro de estos últimos, la energía eléctrica mayorista pegó un salto rotundo del 34%, un incremento regulado que golpea de lleno a las pymes y grandes fábricas, obligándolas a recalcular sus márgenes de ganancia.

Los especialistas advierten que este indicador funciona como un espejo anticipado de lo que terminará pagando el vecino común. Si bien la inflación minorista venía mostrando signos de calma, la brecha con el mercado mayorista tiende a cerrarse. Históricamente, cuando los costos de fabricación y distribución se encarecen de esta manera, la cadena comercial absorbe una parte de la suba durante algunas semanas, pero finalmente termina remarcando las etiquetas para no trabajar a pérdida, lo que anticipa un invierno con números más picantes en los mostradores.