La estructura económica y los movimientos de fondos de la Fundación Faro salieron a la luz tras conocerse las cifras de su balance anual, revelando un volumen de dinero que sacudió el ambiente político por su magnitud y por el destino elegido para esos recursos. La entidad dirigida por Agustín Laje logró consolidar una caja multimillonaria en su primer año de vida, posicionándose como el principal motor ideológico en el entramado que respalda la gestión gubernamental de Javier Milei.

Durante el transcurso de su ejercicio, este centro de estudios y propaganda recolectó ingresos cercanos a los 5.000 millones de pesos, una cifra que al tipo de cambio oficial representa unos 4,8 millones de dólares. Según los documentos de la organización, el 99 por ciento de ese dinero provino de aportes del sector privado y de la recaudación propia de sus seminarios y cursos, mientras que los gastos operativos tradicionales de la estructura, como alquileres o viáticos, apenas representaron una fracción menor de los desembolsos.

La particularidad del manejo financiero radica en que la gran mayoría de estos recursos no se destinó a mantener sedes o contratar personal, sino que se volcó de lleno al mercado de capitales. La conducción de la entidad optó por colocar los fondos en letras, bonos del Tesoro Nacional y fondos comunes de inversión, lo que generó un notable incremento de su patrimonio neto, además de registrar créditos a su favor por 278 millones de pesos y deudas comerciales por 125 millones de pesos.

El despliegue de la organización también se midió en el universo digital, donde la inversión publicitaria en redes sociales como Facebook e Instagram superó los 1.070 millones de pesos para potenciar su alcance. El propio Javier Milei respaldó esta estrategia participando de los encuentros institucionales de la entidad, donde argumentó que este tipo de disputas doctrinarias e intelectuales son fundamentales porque «sin batalla cultural, las reformas macroeconómicas no son sostenibles en el tiempo».