La tensión dentro del bloque de Diputados del PRO alcanzó un punto crítico en las últimas horas, dejando en evidencia las dificultades que tiene Mauricio Macri para alinear a su propia tropa. A pesar de los intentos del exmandatario por presionar a sus legisladores para que bajaran al recinto y facilitaran el quórum en la sesión que buscaba investigar a Manuel Adorni, la mayoría de los integrantes del bloque decidió plantar bandera y no ceder. Esta postura no solo frustró los planes de la oposición para avanzar contra el vocero presidencial, sino que también desnudó una interna feroz dentro del partido amarillo, donde el malestar con ciertas figuras del entorno cercano a Macri es cada vez más visible.

El núcleo del conflicto parece estar en la influencia que ejercen personajes como Guillermo Dietrich y Fernando de Andreis. Entre los diputados circula un fuerte rechazo a las directivas que llegan desde ese sector, al punto de cuestionar por qué deberían seguir órdenes de quienes no tienen responsabilidades territoriales ni legislativas directas. «No somos empleados de nadie», se escuchó decir en los pasillos del Congreso, reflejando el hartazgo de varios legisladores que sienten que se les exige una confrontación con el gobierno de Javier Milei que no todos están dispuestos a sostener. Esta resistencia interna fue la que terminó por sentenciar la sesión, ya que sin el aporte del PRO, la oposición no logró reunir las voluntades necesarias para sesionar.

Finalmente, la falta de consenso terminó por desplomar la convocatoria en la Cámara Baja. Los bloques que impulsaban la destitución de Adorni se encontraron con un muro infranqueable al no poder sumar a los aliados habituales ni a la totalidad de los sectores dialoguistas. El fracaso de la sesión representa un alivio momentáneo para el Ejecutivo, pero deja un panorama de mucha incertidumbre para el PRO. La brecha entre la conducción nacional del partido y sus representantes en el Congreso parece agrandarse, marcando un escenario donde la autonomía de los diputados frente a las presiones de la cúpula será, de ahora en más, un factor determinante en cada votación clave.