La salida de Manuel Adorni de la gestión pública se dio en medio de un escenario insostenible, acorralado por evidencias sobre sus viajes, propiedades de lujo y un patrimonio que se volvió imposible de justificar. Los reiterados desaciertos y las pruebas en su contra terminaron por forzar su renuncia, dejando una grieta profunda en el relato de transparencia que intenta vender el oficialismo. La situación del exfuncionario reavivó los cuestionamientos sobre los manejos internos y los verdaderos números detrás de quienes prometían venir a sanear las cuentas del país.

En este contexto de tensión, Santiago Caputo salió públicamente a intentar cambiar el eje de la discusión con una polémica defensa, donde reclamó que «todas las ONGs y organizaciones dedicadas a la transparencia y la lucha contra la corrupción deberían condecorar a este gobierno y a este Presidente como el más transparente de la Historia». El asesor presidencial argumentó que «ningún gobierno ha hecho más contra la corrupción que este gobierno. La explicación es simple. La corrupción es inherente al Estado». Según su postura, achicar la estructura pública es el único remedio efectivo, afirmando que «la única solución real y material para enfrentar el problema de la corrupción estructural es reducir el Estado a su mínima expresión».

La insólita pretensión de Caputo de pedir medallas choca de frente con la realidad judicial que salpica a las esferas más altas del poder. Mientras el asesor asegura que con la baja del gasto público se produjo «la reducción más grande de la historia en materia de corrupción», los tribunales investigan al propio Javier Milei por la estafa conocida como Libra. A este frente judicial se le suma la denuncia contra su hermana, Karina Milei, acusada de cobrar coimas del 3% en el sector de discapacidad, un dato ventilado por su propio allegado Spagnuolo, lo que desarma los dichos de Caputo de que «las opiniones contrarias deben ser descartadas por improcedentes e infundadas».

Por otro lado, la asunción de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete trajo consigo justificaciones hacia la figura saliente. Santilli minimizó el sugestivo abrazo que se dio entre él, el mandatario y el exvocero durante la jura oficial. El flamante ministro describió la situación diciendo que «es el saludo de un presidente a un funcionario que lo acompañó desde el origen». De esta forma, intentó bajarle el tono a las críticas argumentando que simplemente se trató de una despedida afectuosa del mandatario hacia el contador y periodista que estuvo desde el primer día.

Finalmente, Santilli remarcó que el destino de su antecesor ahora estará exclusivamente en manos de los tribunales ordinarios, aclarando que Manuel Adorni «se va a ir a defender a la Justicia sin fueros ni privilegio». Con estas palabras, el flamante jefe de ministros intentó dar una muestra de desapego institucional ante las causas por supuesto enriquecimiento ilícito que enfrenta el exfuncionario. Sin embargo, la acumulación de causas por retornos, fraudes financieros y patrimonios inexplicables en el entorno presidencial sigue desgastando de manera acelerada las banderas de honestidad con las que llegaron a la Casa Rosada.