Durante el debate legislativo en torno al financiamiento educativo, el oficialismo apuntó contra el rendimiento académico en las altas casas de estudio y cuestionó con dureza a aquellos estudiantes que demoran demasiado tiempo en completar sus materias. Los funcionarios remarcaron que una porción muy baja de los inscriptos logra finalizar sus estudios en los plazos teóricos previstos, utilizando este argumento para poner en tela de juicio la eficiencia del sistema público actual.

Sin embargo, el planteo oficial generó un fuerte cruce cuando la diputada Mariela Coletta le retrucó al secretario de Educación, Carlos Torrendell, trayendo a la luz su propio historial académico. La legisladora expuso que el funcionario comenzó su carrera universitaria en 1990 y recién pudo conseguir el título quince años después, en 2005. «¿Realmente les parece hablar del tiempo de cursada sin tener en cuenta que hay voluntad y deseo de progresar?», lanzó la diputada frente al funcionario.

A raíz de este antecedente, el debate escaló hacia la discusión presupuestaria y el rol de las becas científicas. Coletta cuestionó fuertemente las políticas de ajuste y la reducción de fondos destinados al sector, comparando la situación con una metáfora sobre el acceso a las oportunidades: «Subo la escalera y la pateo para que nadie más suba». De este modo, la discusión sobre los tiempos universitarios se transformó en un fuerte cruce político sobre el valor de la educación pública y la inversión del Estado.