La interna por el control del ecosistema digital del oficialismo sumó un capítulo de alto voltaje estratégico. Karina Milei decidió mover sus fichas en el tablero virtual y convocó a Iñaki Gutiérrez para desgastar el monopolio que Santiago Caputo y el Gordo Dan consolidaron en las plataformas. El regreso a la primera línea del joven estratega, apodado «La Pepona» en los pasillos de la política, busca contrarrestar el peso de los denominados «Peaky Blinders», la facción dura que maneja la comunicación oficialista desde el Salón Blanco y que venía ganando terreno de manera agresiva.

Gutiérrez, quien había sido relegado tras algunos tropiezos en la gestión de las cuentas oficiales durante los primeros meses de mandato, empezó a mostrar un perfil mucho más activo y cercano al círculo de la secretaria general de la Presidencia. En los despachos de Balcarce 50 le asignan un rol clave: reestructurar el despliegue en redes sociales y minar la influencia de la estructura que responde directamente al asesor presidencial. Este sector «caputista», caracterizado por sus métodos de hostigamiento y disciplinamiento digital a opositores y disidentes, empezó a generar ruidos internos y preocupación por el tono de sus intervenciones.

El desembarco de Iñaki cuenta además con el visto bueno del «Equipo Rocket», el tándem compuesto por el vocero Manuel Adorni y Eduardo «Lule» Menem. Desde este espacio miran con recelo las designaciones unilaterales de Caputo en segundas líneas del Estado, como el reciente nombramiento de Juan Pablo Carreira en la Dirección de Comunicación Digital. La disputa excede lo meramente virtual; se trata de una pelea de fondo por definir quién tiene la última palabra en la estrategia discursiva del Gobierno y cómo se proyecta la imagen oficial hacia la sociedad de cara a los próximos desafíos electorales.