La reciente transferencia de Santiago Ascacíbar, capitán del equipo, al club Boca Juniors, ha generado un fuerte impacto en el ambiente futbolístico platense. Esta operación no solo sorprendió a los seguidores del equipo, sino que también puso de manifiesto la delicada situación económica que atraviesa la institución. La directiva se vio obligada a desprenderse de una de sus figuras clave para afrontar compromisos financieros, una medida que el secretario técnico del club, Agustín Alayes, justificó al señalar: «Teníamos una necesidad concreta de vender y de bajar el presupuesto y dentro de los candidatos a venderse estaba Santiago».
Esta coyuntura económica tiene sus raíces en una arriesgada apuesta realizada por la dirigencia del club. En un momento en que se debatía la implementación de Sociedades Anónimas Deportivas (SADs) en el fútbol argentino, el presidente de la entidad platense exploró un esquema mixto que permitiera la inversión externa sin transformar completamente la naturaleza jurídica del club. En este marco, se concretó un préstamo de 10 millones de dólares con el empresario Foster Gillett, de vínculos con la diputada oficialista Juliana Santillán (pareja de Guillermo Tofoni). Esta operación, lejos de ser la solución esperada, terminó por generar un balance deficitario por primera vez en años para la institución.
La alianza con el inversor, que inicialmente prometía una inyección de capital significativa, no resultó como se preveía. Un preacuerdo que contemplaba una inversión inicial de 150 millones de dólares se desmoronó, y lo que parecía un camino sencillo para financiar el plantel se convirtió en un problema. El desembolso de fondos para la adquisición de jugadores se vio afectado, con demoras y pagos en cuotas que complicaron la planificación deportiva. Esta situación forzó al club a buscar ingresos a través de la venta de sus activos más valiosos, como la reciente salida de Ascacíbar, y otras transferencias como la de Román Gómez al fútbol brasileño por más de 3 millones de dólares, y la inminente partida del colombiano Edwuin Cetré, en una operación que rondaría los 6 millones de dólares. Estas ventas buscan recomponer las finanzas y saldar la deuda generada por aquella fallida inversión.
