Georgalos, célebre por productos como el Mantecol, ha implementado una nueva fase de ajustes laborales que incluye la interrupción temporal de actividades para parte de su plantilla y una disminución salarial. Esta medida, que afecta a empleados con larga trayectoria en la compañía y a representantes sindicales, se enmarca en un escenario de dificultades económicas que la empresa viene enfrentando desde finales del año anterior.
La decisión implica que un grupo de trabajadores verá sus ingresos reducidos en un 20% mientras dure la suspensión. Esta situación se suma a un período previo de tres meses en el que la totalidad de los 600 operarios de la planta de Victoria ya habían sido afectados por suspensiones. La dirección de la empresa atribuye estas acciones a una drástica caída en el volumen de ventas. Sin embargo, voces del sector también señalan que la creciente importación de golosinas y alimentos, especialmente desde Brasil, está ejerciendo una presión considerable sobre la industria nacional.
Frente a este panorama, los empleados han comenzado a organizar asambleas para analizar la legalidad de estas suspensiones, que se amparan en el artículo 223 bis de la legislación laboral, referido a causas de fuerza mayor o disminución de trabajo. Existe un palpable descontento con la respuesta del gremio de la alimentación, y se exige una intervención más enérgica ante lo que se percibe como un posible preludio a recortes de personal más profundos. Este caso de Georgalos no es aislado; otras empresas del rubro, como la fábrica de alfajores La Paila o la productora de caramelos «No hay plata», también han enfrentado cierres o ventas forzadas, evidenciando un impacto más amplio de la apertura de importaciones en la industria local.
