Lo que fue presentado como el «renacimiento» del patrimonio deportivo marplatense se ha transformado, en pocos meses, en un laberinto judicial que amenaza con salpicar las estructuras más altas del poder municipal. La cesión del Complejo Polideportivo y el Estadio José María Minella, impulsada con vehemencia por el intendente Guillermo Montenegro —hoy en uso de licencia—, se encuentra hoy bajo la lupa de la Justicia en el marco de una megacausa que vincula negocios financieros, fútbol y presuntas irregularidades administrativas.

Del anuncio espectacular al silencio de las obras

A mediados de 2025, el escenario era de celebración. El intendente Montenegro anunciaba con bombos y platillos la adjudicación del Campo de Deportes a la firma Minella Stadium S.A. por un plazo de 30 años. La promesa era ambiciosa: una inversión millonaria que sacaría al estadio mundialista de su estado de abandono, transformándolo en un centro de espectáculos y deportes de nivel internacional.

Sin embargo, a medida que el calendario avanzaba, el brillo de los renders digitales comenzó a opacarse. A la fecha, el panorama en el complejo es de una quietud alarmante. No se ha removido un solo ladrillo, no hay máquinas trabajando y el deterioro del estadio sigue su curso natural, ajeno a los plazos de «recuperación» prometidos por el Ejecutivo. Esta parálisis no solo alimenta el malestar de los vecinos, sino que despierta una pregunta inevitable: ¿cuál fue el verdadero propósito de ceder un activo público estratégico si la inversión no llega?

El «pacto secreto» y las críticas de la oposición

Uno de los puntos más sensibles y que mayor sospecha genera es el hermetismo que rodea al acuerdo final. Desde la oposición se ha denunciado sistemáticamente la imposibilidad de acceder al contenido íntegro del convenio firmado entre el municipio y la empresa adjudicataria.

«Es de una gravedad institucional inusitada que no se pueda conocer la letra chica de una concesión a tres décadas», señalan fuentes del Concejo Deliberante. La falta de transparencia en las cláusulas de cumplimiento, las garantías de inversión y las responsabilidades de la empresa han convertido al acuerdo en un «pacto secreto» que el Ejecutivo ha evitado ventilar, incrementando las dudas sobre la legalidad y la conveniencia del negocio para los marplatenses.

Montenegro fue el impulsor del acuerdo y Agustín Neme, actual intendente interino, el presidente del bloque de concejales que votaron la aprobación sin conocerse los detales del acuerdo firmado.

El factor Sur Finanzas: El eje de la tormenta

El giro más dramático de la investigación se produjo cuando los nombres de los responsables detrás de la concesión comenzaron a cruzarse con una de las causas judiciales más pesadas del último tiempo: el escándalo de Sur Finanzas.

La firma Minella Stadium S.A. no es un actor aislado. La justicia investiga sus vínculos directos con el entramado de Sur Finanzas, empresa que se encuentra en el eje de una megacausa que involucra presunto lavado de dinero y maniobras financieras dudosas, con esquirlas que llegan hasta la propia Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Recientes allanamientos ordenados por la Justicia en el marco de la licitación del Minella buscan determinar si la empresa concesionaria es, en realidad, un vehículo para otras operaciones financieras ajenas al deporte. ¿Se utilizó la licitación de un estadio público para blanquear capitales o como garantía de otros negocios vinculados a la megacausa de Sur Finanzas? Esta es la pregunta que los investigadores intentan responder.

Funcionarios al estrado

La presión judicial ha escalado al punto de ésta semana dos altos funcionarios municipales deberán prestar declaración ante la Justicia. El objetivo es esclarecer los pormenores del proceso de adjudicación y por qué se dio luz verde a una empresa cuya solvencia y vínculos hoy están siendo cuestionados en fueros penales.

La responsabilidad del intendente Montenegro, principal impulsor de esta iniciativa hoy envuelta en sombras, queda en el centro del debate. Mientras el intendente ocupa otro cargo bajo licencia, el proyecto que presentó como su gran legado para Mar del Plata parece naufragar entre expedientes judiciales y sospechas de corrupción.

Un futuro incierto

Hoy, el Estadio Minella no es noticia por los goles ni por los grandes conciertos, sino por los allanamientos y las citaciones judiciales. La transparencia, ese valor tan declamado en campaña, parece haberse perdido en los pasillos de la gestión municipal al momento de firmar el contrato.

Sin acusar de manera prematura, pero con la contundencia de los hechos, la sociedad marplatense asiste a un espectáculo que no esperaba: el de una justicia que intenta desentrañar si el patrimonio de todos fue entregado, bajo una máscara de progreso, a un entramado de intereses financieros que hoy no pueden explicar su origen. El interrogante queda abierto: ¿Se buscó realmente recuperar el estadio o el Minella fue solo el medio para otros fines financieros?