El sector avícola argentino atraviesa un momento de profunda incertidumbre, con una de las principales empresas del rubro, Granja Tres Arroyos, enfrentando una situación límite que podría derivar en el cese de operaciones y la pérdida de cientos de puestos de trabajo. La compañía, un referente en la producción de pollos a nivel nacional, se ve fuertemente afectada por la creciente entrada de productos avícolas provenientes de Brasil, que compiten con precios inalcanzables para la industria local. Esta coyuntura genera preocupación no solo por el futuro de la empresa, sino por el impacto en toda la cadena de valor y en las economías regionales.
La delicada situación de Granja Tres Arroyos se agrava por múltiples factores. A la presión de las importaciones brasileñas, se suma el cierre de los mercados europeos para las exportaciones de carne avícola argentina, una medida impuesta por restricciones sanitarias debido a un rebrote de gripe aviar. Esta combinación ha golpeado duramente las finanzas de la empresa, que ya había experimentado dificultades para abonar salarios a fines del año pasado. Cabe destacar que el propietario de la firma, Joaquín de Grazia, había manifestado públicamente su apoyo a las políticas económicas y la reforma laboral impulsadas por el actual gobierno. La crisis también alcanza a Cresta Roja, otra importante procesadora que, tras ser absorbida por Tres Arroyos, continúa con problemas y recientes despidos, con rumores de un posible cierre definitivo de sus instalaciones.
El epicentro de esta crisis se siente con particular intensidad en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde Granja Tres Arroyos opera su planta más grande, resultado de la adquisición de Becar años atrás. Esta instalación, que llegó a emplear a cerca de 1.500 personas, hoy cuenta con aproximadamente 700 trabajadores. En los últimos meses, se registraron 160 despidos y 300 empleados se adhirieron a retiros voluntarios, aunque las indemnizaciones pactadas aún no han sido abonadas. La comunidad local observa con inquietud cómo la invasión de pollo brasileño en los comercios coincide con el desmantelamiento del empleo formal. La problemática laboral en la ciudad no se limita al sector avícola, ya que previamente se produjo el cierre de una planta de YPF y despidos en empresas madereras, lo que ha impulsado la proliferación de pequeños comercios y rotiserías como alternativa ante la falta de oportunidades.
Los actores del sector reconocen que, con costos internos dolarizados, una energía costosa y un tipo de cambio poco favorable, la competencia con el pollo brasileño se vuelve insostenible. La perspectiva más inmediata es la desvinculación de al menos 450 trabajadores durante el mes de marzo. Un informe de la consultora String-Agro advierte sobre la gravedad del panorama: «La situación es crítica y en el sector prevén un marzo complicado cuando se desafecten a más de 450 trabajadores entre los frigoríficos de Cresta Roja y Granja Tres Arroyos y si las exportaciones no se reabren en abril, pueden quebrar». El futuro de la industria avícola y de cientos de familias pende de un hilo, a la espera de una reactivación de las exportaciones que podría mitigar el colapso.
