La llegada de una aeronave militar estadounidense a Ushuaia ha desatado una ola de interrogantes y preocupación en diversos estamentos nacionales. Un Boeing C-40 Clipper, perteneciente a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, aterrizó en el puerto fueguino, un suceso poco común que, sumado a la reciente intervención de la terminal marítima, alimenta versiones sobre una posible cesión de control a intereses extranjeros. Estas especulaciones se vinculan a un supuesto acuerdo para saldar una deuda de mil millones de dólares con el «Grupo por la Paz» de Donald Trump, al cual Argentina se adhirió bajo la actual administración. Este escenario se da en un momento de particular fragilidad para el exmandatario estadounidense, quien atraviesa una compleja situación política y legal en su país.

El arribo de la aeronave, proveniente de la base militar Joint Base Andrews, en Maryland, con escalas previas en San Juan y Buenos Aires, se produce en un contexto de creciente interés de Estados Unidos por la Base Naval Integrada de Ushuaia. Este interés se centra en el monitoreo de la presencia china en la región y la importancia estratégica de la zona antártica. De hecho, en los últimos años, dos generales del Comando Sur visitaron la base, lo que subraya la relevancia geopolítica del enclave. La embajada estadounidense explicó que se trata de una comitiva bipartidista de congresistas de la Comisión de Energía y Comercio, con el objetivo de discutir temas como el procesamiento de minerales críticos y la gestión ambiental. Sin embargo, la falta de una agenda pública detallada, la ausencia de un listado de los congresistas y la falta de reuniones programadas con autoridades fueguinas, generan un manto de hermetismo.

La intervención del puerto de Ushuaia, efectuada la semana pasada por la administración nacional, añade otra capa de complejidad a la situación. Oficialmente, la medida se justificó por irregularidades financieras y desvío de fondos por parte de la administración provincial de Gustavo Melella, quien habría destinado un 30% de los recursos portuarios a gastos corrientes. No obstante, la coincidencia temporal con la visita estadounidense ha provocado inquietud. «Hay preocupación y sorpresa porque ese puerto es estratégico», indicó un militar en actividad, luego de que el jefe de la Armada, el vicealmirante Juan Carlos Romay, se enterara de la noticia por los medios, confirmando que las Fuerzas Armadas Argentinas no tuvieron participación alguna en este arribo. Esta situación ha generado inquietud en la Cancillería y el Ministerio de Defensa, así como en Chile, ante la posibilidad de que la presencia militar extranjera en la zona ponga en riesgo el Tratado Antártico, que prohíbe actividades de esta índole en la región.