La situación del empleo y la actividad empresarial en Argentina dibuja un panorama profundamente preocupante, encendiendo las alarmas sobre la dirección del modelo económico actual. En un período de casi dos años, el país ha registrado la desaparición de más de 21.000 empleadores, una cifra que subraya la gravedad de la contracción económica y su impacto directo en la capacidad productiva nacional. Solo en un mes reciente, se contabilizaron 912 cierres de empresas, sumando una pérdida neta de 8.830 unidades productivas en los primeros diez meses del año pasado, según datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.

Este drástico retroceso no solo se refleja en la cantidad de empresas, sino también en el volumen de empleo. En el mismo lapso de 23 meses, la economía argentina perdió 272.607 puestos de trabajo, lo que representa un golpe significativo para miles de familias. Los sectores más afectados por esta ola de cierres y despidos incluyen la construcción, la industria manufacturera, el comercio, los servicios inmobiliarios y, de manera particularmente aguda, el transporte y almacenamiento. Estas cifras no solo son estadísticas; son el reflejo de una profunda crisis que afecta el tejido productivo y social del país.

El origen de esta tendencia regresiva se remonta a finales de 2023 y principios de 2024, con un marcado deterioro impulsado por la devaluación y las políticas de ajuste que impactaron severamente la obra pública y privada, así como el empleo estatal. Aunque hubo un breve respiro, la recuperación fue efímera, y la recesión actual ha acelerado el declive. La falta de repunte del consumo, la caída del poder adquisitivo de los salarios, el aumento del desempleo y el encarecimiento de servicios esenciales como la electricidad, el gas y las prepagas, han mermado drásticamente el dinero disponible de los hogares, estrangulando la demanda y, consecuentemente, la actividad empresarial.

Las consecuencias de este modelo económico son palpables en la vida cotidiana de los ciudadanos, con desvinculaciones, retiros voluntarios y cesantías tanto en el ámbito público como privado. La pérdida de empleadores y puestos de trabajo en sectores clave como la administración pública, la construcción y la industria manufacturera, evidencia la necesidad urgente de revisar las políticas implementadas para evitar un mayor deterioro del mercado laboral y la estructura productiva del país.